La transexualidad no es una enfermedad. ¡Fuera ya de los catálogos de enfermedades!

Publicado: 14 octubre, 2009 en STP2012 Madrid
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Hoy nos juntamos por tercer año consecutivo en Madrid, para denunciar la situación de violencia que viven las personas transexuales, transgénero e intersex. En el marco de la campaña internacional “Stop Patologización Trans: objetivo 2012”, nos sumamos a este día donde 38 ciudades del mundo nos manifestamos contra el Trastorno de Identidad de Género. Con el TIG, la transexualidad queda clasificada en los manuales internacionales de enfermedades: el CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud) y el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales de la Asociación de Psiquiatría de Norteamérica). Estas clasificaciones son las que determinan los cambios en la lista de las enfermedades de la OMS y guían, por lo tanto, a los y las psiquiatras de todo el mundo en el momento de hacer sus diagnósticos.

Nos movilizamos con carácter de urgencia, ya que el año 2012 aparecerá la quinta versión revisada del DSM, y ya que estos manuales se revisan por décadas, es nuestra oportunidad de modificar la realidad de las personas trans. Esta catalogación de la transexualidad como enfermedad mental, asegura, además, que haya un resquicio para que cualquier identidad u orientación sexual no heterosexual vuelva a ser considerada otra vez trastorno/patología.

En el grupo de trabajo que revisa el TIG están el Dr. Zucker y el Dr. Blanchard, famosos por sus terapias de choque contra personas homosexuales y transexuales. Estas personas que están decidiendo nuestro futuro, son acérrimos defensores de la enfermedad trans. Es por eso que el movimiento trans norteamericano ha hecho un llamamiento para que estos psiquiatras sean expulsados de la revisión del DSM, reivindicación a la que nos sumamos.

El diagnóstico es la herramienta por la cual se establecen controles de nuestra identidad a través de un protocolo por el cual nos hacen pasar por terapias, mediciones, test psiquiátricos y todo tipo de entrevistas y análisis denigrantes, que miden de una forma impresentable y fundamentada en valores patriarcales nuestra masculinidad/feminidad. Es una herramienta para que decidan por nosotrxs lo que somos y dejamos de ser, es decir, para que nos traten como enfermxs y tutelen nuestra vida. Irónicamente, para obtener dicho diagnóstico tenemos que estar por lo demás mentalmente sanos. Todo ello atenta contra los derechos humanos de integridad corporal y libre expresión de la identidad y expresión de género, derechos recogidos en declaraciones internacionales recientes como los Principios de Yogyakarta o las recomendaciones del Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa Thomas Hammarberg.

En el Estado español, cualquier persona que quiera cambiar su nombre en su documentación oficial o modificar su cuerpo con hormonas u operaciones tiene que pasar por una consulta psiquiátrica. Además, se nos obliga a someternos a protocolos paternalistas como el tratamiento médico obligatorio que suele esterilizarnos, y mediciones de nuestra masculinidad/feminidad a través de diversos dispositivos (entre ellos el “test de la vida real”, que nos castiga sin un cambio en los documentos oficiales durante dos años). ¡Cómo vamos a reclamar nuestro lugar en la sociedad si desde el ámbito médico y legal se nos dice que somos personas enfermas!

No queremos una medicalización obligatoria porque tenemos derecho a nuestro propio cuerpo y no queremos que aquellas personas transgénero que no quieren modificar sus características físicas se vean obligadas a hacerlo por parte de un sistema que las va a excluir de todo derecho a su identidad, como sucede actualmente en la Ley de Identidad de Género. Queremos que quien quiera modificar sus características sexuales lo haga con toda la libertad para llegar hasta donde quiera. No hacemos apología de las hormonaciones ni de las operaciones, sino que reconocemos que, actualmente, modificar nuestro cuerpo es una cuestión de supervivencia. Ya nos hemos cansado de escuchar que quieren ayudarnos. Si realmente lo quieren hacer, que hagan desaparecer todos estos mensajes que jerarquizan los cuerpos, que imponen lo bello y lo monstruoso, que hacen que en vez de liberarnos estemos sometidos, reguladxs, controladxs por estas normas.

Queremos visibilizar todas esas presiones que se nos dice que no existen, esos roles y cánones de comportamiento y apariencia institucionalizados que nos catalogan como cuerpos fuera del sistema, que nos dejan sin referentes y que provocan un odio por el tabú y el desconocimiento, incluso un auto-odio hacia nosotrxs mismxs, porque no somos como deberíamos ser. Toda esta violencia es invisible, ya que hemos perfeccionado técnicas para normalizar aquellxs que son diferentes. Pero la psiquiatrización evidencia que esa violencia existe. Existe, por ejemplo, cuando se acepta mejor a un chico lleno de cicatrices que a uno con pechos, cuando se acepta mejor a una persona trans estéril que a una persona trans embarazada.

Esta violencia social, legal y médica que se ejerce sobre nosotrxs es la misma que se ha ejercido con otras luchas: la del movimiento gay y lésbico cuando pedían la retirada de la homosexualidad de estos mismos catálogos de enfermedades, la del movimiento feminista al pedir el derecho al aborto libre y gratuito y el derecho al propio cuerpo. La del movimiento intersex al reclamar que cesen las operaciones de normalización a los bebés.

Por todo ello, hoy, 38 ciudades del mundo y 168 grupos exigimos:

  • La retirada del Trastorno de Identidad de Género de los manuales internacionales de diagnóstico.

  • La retirada de la mención de sexo de documentos oficiales para quien lo desee.

  • La abolición de los tratamientos de normalización binaria a las personas (bebés) intersex (con genitales considerados “ambiguos” y “fisicamente patológicos” cuando no ponen en peligro su salud).

  • El libre acceso a los tratamientos hormonales y a las cirugías (sin tutela psiquiátrica.

  • La prevención de la transfobia: el trabajo, formación educativa y la inserción laboral de las personas trans.

Además, queremos que el Gobierno y el Ministerio de Sanidad hagan un cambio de paradigma a la hora de entender la transexualidad y la intersexualidad dentro del sistema sanitario público: exigimos una declaración institucional apoyando la desclasificación de la transexualidad de los organismos competentes (la OMS y la APA). Su silencio es complicidad. Queremos también, que se comprometan a revisar y a reestructurar los protocolos sanitarios conforme tres principios:


  • La despatologización de las identidades trans y por tanto la inclusión de las personas que se denominan transgénero en el mismo marco sanitario y legal.
  • La protección de los derechos sanitarios de estos colectivos, sin requisitos de obligatoriedad médica, y con la inclusión de personas trans como voz experta en todo proceso médico.
  • El abordaje de la transfobia institucionalmente.


También demandamos que se respeten nuestros derechos sanitarios de proximidad en todo el Estado, que no nos discriminen aún más haciéndonos desplazar lejos para tener nuestro derecho a tratamiento, como prometió el PSOE en su programa electoral de 2004 y no ha cumplido.

Decir aún hoy en día que la transexualidad es una enfermedad nos humilla como personas, pero seguiremos luchando para que nunca puedan decir que no lo sabían, para que no se permitan el lujo de tratarnos de anormales. Para que las personas trans e intersex se odien un poco menos, para que nos queramos todxs un poco más. Para que nunca más un psiquiatra nos pregunte por qué somos como somos cuando el resto no tiene que justificarse. ¡Porque la diversidad es nuestra mayor riqueza!

La transexualidad no es una enfermedad. La transfobia nos enferma ¡Fuera la transexualidad de los catálogos de enfermedades!

Madrid, 16 De octubre, 19.30h, Pza. Chueca – Pza. Jacinto Benavente

+info: stp2012.wordpress.com, aceradelfrente.blogspot.com

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